Sims4-dlc-sp54-artist-studio -kit.zip -
She had no choice. She mixed the paints: midnight blue for the silence, electric yellow for the last scream, and a single drop of her own Sim-blood (which, surprisingly, the Kit allowed).
"You've used my paints. You've slept in my light. Now, I need a masterpiece. Paint your own death."
Jenna, now fueled by a low bladder bar and morbid curiosity, pulled it open. Sims4-DLC-SP54-Artist-Studio -Kit.zip
She clicked . The file was named exactly: Sims4-DLC-SP54-Artist-Studio-Kit.zip . It unpacked in a second, but her computer screen flickered. For a moment, her reflection in the dark monitor winked at her—twice, on the same face.
Days bled together. Jenna quit her job. She stopped paying bills. Her apartment above fell into disrepair—roaches, flies, the grim reaper lurking outside. But downstairs, she was alive . She painted nightmares, joys, memories of a life she never lived. Each finished canvas turned to dust, and the studio grew. New shelves appeared. A pottery wheel materialized. A skylight opened onto a different galaxy each hour. She had no choice
The next morning, a new door appeared in her kitchen. It hadn't been there before. It was a heavy, oak door with a brass handle shaped like a screaming mouth. It didn't lead to the hallway. It led down .
But sometimes, late at night, her computer would flicker. And a pop-up would appear, in that jagged, handwritten font: *"SP54_Artist_Studio_Kit.zip has an update. Download? [YES] / [YES]" * She never clicked yes. You've slept in my light
She painted. Not well—the first stroke was a brown blob. But the canvas absorbed it. A low rumble came from the walls. A new notification: "Sustenance accepted. The Muse stirs."


Supongo que no hay nada más fácil y que llene más el ego que criticar para mal en público las traducciones ajenas.
Por mi parte, supongo¡ que no hay nada más fácil y que llene más el ego que hablar (escribir) mal en público de los textos ajenos.
La diferencia está en que Ricardo Bada se puede defender y, en cambio, los traductores de esas películas, no, porque ni siquiera sabemos quiénes son y, por tanto, no nos pueden explicar en qué condiciones abordaron esos trabajos.
Por supuesto, pero yo no soy responsable de que no sepamos quién traduce los diálogos de las películas, y además, si se detiene a leer mi columna con más atención, yo no estoy criticando esas traducciones (excepto en el caso del uso del sustantivo «piscina» para designar un lugar donde no hay peces) sino simplemente señalando que hay al menos dos maneras de traducir a nuestro idioma. Y me tomo la libertad de señalar cuando creo que una traducción es mejor que la otra. ¿Qué hay de malo en ello? Mire, los bizantinos estaban discutiendo el sexo de los ángeles mientras los turcos invadían la ciudad, Yo no tengo tiempo que perder con estos tiquismiquis. Vale.
Entendido. Usted disculpe. No le haré perder más tiempo con mis peguijeras.
«Pejigueras» quería decir.
Adoro la palabra «pejiguera», mi abuela Remedios la usaba mucho. Y es a ella a la única persona que le he oído la palabra «excusabaraja». Escrita sólo la he visto en «El sí de las niñas», de Moratín, y en una novela de Cela, creo que en «Mazurca para dos muertos». Y la paz, como terminaba sus columnas un periodista de Huelva -de donde soy- cuyo seudónimo, paradójicamente, era Bélico.
Si las traducciones son malas, incluso llegando al disparate, hay que corregirlas. A ver por qué el publico hemos de aguantar un trabajo mal hecho, Sra. Seisdedos.
Como siempre, un disfrute leer a Ricardo Bada. Si las condiciones de trabajo son malas, tienen el derecho si no la obligación de reclamar que mejoren. Luego no protesten si las máquinas hacen el trabajo.